El Cerro Quemado, un lugar sagrado

Cerro Quemado

El Cerro Quemado, también llamado Crespo, se encuentra ubicado dentro del municipio de Quetzaltenango, en Real de Catorce; muy cercano a la ciudad homónima se caracteriza principalmente por su naturaleza volcánica y por su curiosa estructura de cúpulas de lava, agujas y paredes de roca.

Con una altura de 3.200 m.s.m, aproximadamente, consiste en un lugar ideal para la práctica de escalamiento, así como también es extremadamente recomendable por su acción terapéutica de sus fumarolas y aguas termales.

Culturalmente reconocido por ser un centro de ceremonias religiosas, es el escenario frecuente de reuniones tanto de indígenas lugareños –los huicholes-, como de los turistas que comparten la oratoria o bien, disfrutan del mercadeo de las artesanías confeccionadas por los huicholes.

Las peregrinaciones se han dado durante siglos, manifestando que, en este lugar existe una energía y una paz verdaderamente sorprendente que convierte este oratorio denominado Wirikuta en un centro de atracción mundial. Aquí se pueden encontrar ofrendas de todo tipo, y las cenizas en el suelo atestiguan centenares de ceremonias.

Del flanco que se elija para su ascenso, ya sea del lado Norte, del Oeste, o del Este, se requieren de dos a cinco horas para acceder a la cima. El paisaje muestra claras diferencias entre las laderas Oeste de los Llanos del Pinar y la del Este, puesto que mientras la primera se presenta cerrada y cubierta de bosques, donde abunda la palmera Yuca, los Magüeyes y las hierbas aromáticas, la segunda sintetiza en tonos grises la naturaleza volcánica del cerro.

El clima muy hostil por las bajas temperaturas durante la noche, hace necesario ir preparado con los implementos de abrigo y reparo correspondientes. Es imprescindible con anterioridad al ascenso, estudiar correctamente el terreno, dado que hay muchas veredas que conducen a muchos sitios a la vez o a ninguno, como ocurre en el flanco Oeste del Llano del Pinar.

Extremadamente agradable por la pureza y la tranquilidad del entorno, el Cerro Quemado, muy lejos de hacer honor a su nombre, por el contrario ilumina el alma de quien decide hacer la travesía de escalarlo. La reflexión y el instinto acompañan el desafío y la experiencia que, sin lugar a dudas, vale la pena aún para aquellos escaladores poco experimentados. Cuando visite México, no se prive de disfrutar del Cerro Quemado, un lugar sagrado.

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