El monolito de la Diosa Coyolxauhqui

coyolxauhqui

La historia mexicana es una de las más ricas del mundo, especialmente por la gran cantidad de objetos históricos que se han descubierto en excavaciones y campañas antropológicas.

Casualmente el 28 de febrero de 1978 se dio uno de esos hechos que sirven para conocer un poco más de las sociedades que habitaban la tierra hace varios cientos de siglos: fue descubierto el monolito de la Diosa Coyolxauhqui.

El monolito se exhibe actualmente en el Museo del Templo Mayor. Se trata de una pieza cuyo diámetro oscila entre los 3,04 y 3,25 metros, tiene un espesor de 30 centímetros y un peso cercano a las ocho toneladas, y la misma fue elaborada en un bloque de roca volcánica con una tonalidad rosada, que muy probablemente proceda de la zona del Cerro del Tenayo. Su hallazgo se dio en la esquina de las calles Guatemala y Argentina, en el centro histórico de la Ciudad de México.

Los investigadores estiman que su construcción fue entre los años 1469 y 1481 de nuestra era, durante el reinado de Axayacatl y que forma parte de una de las etapas constructivas del Templo Mayor. En cuanto a lo que muestra el monolito de la Diosa Coyolxauhqui -que quiere decir “la que se ornamenta las mejillas con cascabeles”- se puede observar en relieve a la diosa lunar decapitada y mutilada de brazos y piernas, motivo que se debe al combate que mantuvo con su hermano Huitzilopochtli, dios de la guerra.

Se sabe que el lugar donde fue encontrado este objeto era el mismo que ocupaba en la época prehispánica, en el arranque de la escalinata de acceso al oratorio de Huitzilopochtli. Los mexicas recreaban así el mito del nacimiento de Huitzilopochtli: según dice la leyenda, Coatlicue encontró una bolsa con plumas y la guardó en su vientre, pero cuando su hija, Coyolxauhqui, se enteró quiso matarla. Así nació Huitzilopochtli, quien terminó asesinando a su hermana, la cual cae desde la cima del cerro Coatepec y queda desmembrada.

Por lo tanto, el objetivo del monolito durante los rituales que llevaban adelante en los antiguos imperios era recibir los cuerpos de los sacrificados en honor al sol. Durante estos festivales se hacían sacrificios y los cuerpos eran arrojados desde lo alto del templo, rodando por las escaleras hasta ser albergados en el monolito de Coyolxauhqui.

Foto vía: gonzaloh

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