La leyenda del Popocatépetl y el Iztaccíhuatl

Popocatepetl e Iztacihuatl

El Popocatepétl es uno de los volcanes más activos del mundo. Su nombre, en la lengua nahuatl, ya así lo delata: montaña que humea. Está situado apenas a 55 kilómetros de Ciudad de México y tiene la particularidad de estar unido a otro volcán más pequeño, el Iztaccíhuatl, mediante el Paso de Cortés.

Esta unión de los dos volcanes ha generado entre los mexicanos numerosas leyendas. La más conocida es aquella que asocia al Iztaccíhuatl con una princesa azteca y al Popocatepétl a un guerrero enamorado de esta. El guerrero trabajaba a las órdenes del padre de Iztaccíhuatl, a quien no parecía gustarle demasiado el amor que se profesaban ambos jóvenes.

Para acabar con aquella unión, el padre manda a la guerra a Popocatépetl con la condición de que, si regresa victorioso, le entregaría la mano de su hija. Todos pensaban que el regreso del guerrero resultaría imposible. Iztaccíhuatl quedó desolada, esperando la llegada de su amado que nunca se producía.

Un pretendiente de la princesa le confesó que Popocatépetl había muerto en la guerra, y que por esa razón no regresaba. Destrozada, la princesa decidió casarse con este pretendiente. Pero, al poco tiempo, Popocatépetl regresó victorioso de la guerra en busca de su amada. Cual no sería su sorpresa al encontrarla casada y entregada a otro hombre.

Tal fue su dolor que no pudo por menos que suicidarse. La princesa le lloró tan amargamente que los dioses aztecas, en señal de compasión, convirtieron a ambos en las montañas que rodean el valle de México, para que vivieran juntos eternamente su amor y todo el mundo los pudiera recordar.

Hay otras historias, leyendas y tradiciones alrededor de ambas montañas. Lo que sí es cierto es que el Popocatépl no ceja en su empeño de ser siempre escuchado por todos. Se suele decir por los alrededores que son aún los gritos de dolor del guerrero al encontrar a su prometida casada con otro.

Dicen los lugareños que si nos fijamos bien en el Iztaccíhuatl parece la figura de una mujer tumbada. Hay que echarle un poco de imaginación, la verdad, pero las leyendas son las leyendas…

Foto Vía Teotihuacán

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